Pesada, hermosa pero peligrosa…
Una ruta equivocada, una sierra interminable y un viaje que pudo terminar en tragedia
Por: Dante Vázquez
En una ocasión acompañé en calidad de chofer a unos vecinos de mi barrio, padres de dos de mis amigos que en ese viaje de plano no quisieron acompañarnos y yo me fui con ellos iban ambos, don Emilio y doña Cuquita (qepd los dos) y Enrique su hijo menor, era largo el viaje, la ruta, Tampico, Veracruz, Oaxaca, Puerto Escondido, Puebla, México y patrás, íbamos en un carro Dodge Dart último modelo automático.
Luego de estar en Tampico y Veracruz puertos, nos aprestamos a salir del puerto jarocho luego de pasear tres días, rumbo a Oaxaca, por mi experiencia que había viajado con mi cuñado en el trayler, sabía que la ruta más cómoda era por Orizaba, muy bonita por cierto, tal vez un poco más larga, pero don Emilio tuvo la mala suerte de preguntarle a un parroquiano en un café y este nos mandó por una ruta con una sierra muy sinuosa.
Recuerdo que pasamos por Cosamaloapan por toda la rivera del río Papaloapan, y por la tierra que vio nacer a Agustín Lara, Tlacotalpan, por cierto ahí estuvimos en un bar que el solía frecuentar cuando iba de visita esporádicamente a departir con sus amigos de siempre, había muchas fotos de el en ese sitio, y de ahí en adelante empezó el suplicio al subir una sinuosa y difícil sierra.
Eran innumerables curvas y muy angosta la carretera, sube, sube y sube e interminable la sierra, muy bonita por cierto pero muy peligrosa, hubo un momento en que doña Cuquita de miedo se puso a llorar porque sentía que aquello no se veía como iba a terminar, no sabíamos si íbamos o veníamos, pasamos Guelatao, sitio donde nació el Benemérito de las Américas, Benito Juárez, ahí supe que estábamos ya en el estado de Oaxaca.
Luego la bajada de aquella curvilínea y peligrosa sierra, baja, baja, y mas bajada, curvas y más curvas hasta que finalmente entramos a la ciudad de Oaxaca capital, como aquello de las seis de la tarde, al llegar al hotel a hospedarnos, el encargado de recibirnos nos preguntó, ¿por donde se vinieron?"...le dijimos por donde y se quedó asombrado al decirnos..." den gracias Dios que no los asaltaron, nadie baja de esa sierra sin ser robado, debieron venirse por Orizaba".
Y la verdad sea dicha...Dios nos acompañó en esa peligrosa travesía, aproveché la hora de la cena para decirle a don Emilio,..."recuerda que le dije que por Orizaba era más seguro?"...y no tuvo más que aceptar que se había equivocado al hacerle caso al sujeto que nos mandó por ahí, la señora ya se sentía más tranquila y también le reclamaba no haberme hecho caso, era yo un jovencito y el sentía que no conocía esos sitios.
Un viaje, una experiencia muy bonita, luego siguió, Puerto Escondido, Puebla, México y finalmente el regreso a casa luego de dos semanas de largo peregrinar, anécdota que no olvido jamás, finalmente lo mejor y algo que no esperaba...me pagaron, y la verdad sea dicha, no esperaba eso pues con el viaje había quedado más que servido y satisfecho.
Una experiencia hermosa que guardo con mucho cariño y añoranza en mi Baúl de los Recuerdos, Dios vive en el...gracias Dios.
Consumatum est....
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